He apagado la tele y me he quedado en silencio con tan sólo los enanos rutando por la casa y el murmullo de fondo de la calefacción librando su batalla contra este frío invierno. Las palabras acuden al instante, casi tan rápidas como las emociones vividas estos días, y yo busco la forma (como siempre, extraña obsesión que me acompaña desde antes de que me diera cuenta) de atenderlas a todas: emociones, palabras, silencios, momentos compartidos. Se entrelaza el pasado --el largo camino recorrido para estar hoy aquí, viviendo lo que vivo, sintiendo lo que siento-- con el presente que a ratos no me atrevo a creer, y el futuro que hace tiempo decidí atreverme a soñar impulsada por la fuerza que le da a mis alas la sonrisa de mi pirata.
Los caminos más largos son los que se recorren con el corazón. No se miden en metros ni kilómetros, en minutos o en años: puede cambiar tu vida en un instante y puedes recorrer el mundo entero sin que te cambie nada. Para contar el hoy, la magia de estos días; para explicar todas las emociones (miedo, ilusión, felicidad, pasión, orgullo, alegría, tranquilidad, cariño, y un algo de tristeza y... tantas cosas más) que he vivido en estos últimos cinco días, tendría que contar muchas cosas, tendría que explicar los pasos (duros, largos, tortuosos a veces) que he tenido que dar para llegar aquí. Tendría que explicaros que significa aquí... y no podría. Sólo sé que he llegado. Por fin, cada vez más, siento esa paz extraña, esa íntima satisfacción, esa alegría inmensa de saber que he llegado. Tantas cosas culminan, encajan, por fin, después de tanto tiempo. Las heridas se cierran y aunque sé --olvidar para mí es traicionar al pasado-- que recorrí un infierno para llegar aquí, no logro recordar el dolor, la tristeza o los malos momentos, y hubo muchos. Pero todo parece ahora tan lejano, tan ajeno.
No es por ser Navidad, aunque aún conserve --no la he perdido nunca, ni siquiera en los peores momentos-- la ilusión de la infancia por estas fechas y las celebraciones familiares. Soy un desastre, eso sí, para las convenciones sociales que marca el calendario: siempre olvido felicitar las fiestas, desear feliz Navidad y próspero año nuevo a los amigos, tal vez porque a la gente que me importa le demuestro que estoy todos los días y no sólo en diciembre. Pero vivo estas fechas con una emoción íntima que este año he visto crecer multiplicada en las sonrisas de mi familia. Y por eso, entre otras muchas cosas, me he sentido feliz.
Pero no son las fiestas... Es que todo es distinto desde aquí: lo sabe el corazón que recorrió el camino, lo sabe la sonrisa que me viene a los labios, lo saben las palabras que me rondan inquietas las manos y el teclado, y que no son bastantes para explicar las cosas, y lo saben, pero no les importa. Desde este aquí que la vida me regala hoy, desde esta paz y esta alegría que acunan mi corazón cada noche y lo llenan de ilusiones y esperanzas, la vida se ve hermosa y llena de futuro. ¿Puedes creerme, verdad? Que un corazón herido logre llegar aquí y olvidar el dolor que marcó su camino; que merece la pena seguir aunque te duela cada día, aunque pesen las horas y no te llegue el aire ni la luz algunas veces; que todas las malas rachas se terminan, hasta las que parece que nunca tendrán fin. Y que cuentas conmigo, amiga, para ahuyentar las sombras, seguir al corazón y encontrar el camino que te lleve a ese aquí que ya te está esperando aunque aún no lo sepas.
A media voz te contaré mi historia, ésa que se va haciendo con los sueños, las prisas, la ternura y los latidos de mi corazón. Pero si es un diario lo que buscas será mejor que sigas tu camino: mis alas están hechas de palabras y el tiempo que las toca no habitará jamás un calendario.
lunes, 25 de diciembre de 2006
Los caminos del corazón
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Elena Sarrión
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21:42
El camino del corazón
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domingo, 17 de diciembre de 2006
I love sundays
Me gustan los domingos: dormir y levantarme tarde, dejando descansar por una vez al despertador . Empezar el día lentamente, con el sol --si lo hay-- llenando ya la casa, con tiempo suficiente para agotar de mimos a los enanos antes de desayunar, y con la tranquilidad de tener todo un día por delante sin más obligación que recuperarme de la larga semana que termina.
Me encantan los domingos y sus horas repletas de posibilidades. Hay tiempo para cocinar con calma, probar recetas nuevas y llenar la nevera para los días en que apenas me permito una hora para llegar a casa, comer y recoger antes de volver al trabajo. Hay tiempo para trastear con el ordenador e intentar cosas imposibles, como cambiar una plantilla de blogguer a blogguer beta y de tres columnas a dos sin saber HTML (y casi, casi lo consigo... o eso creo). Hay tiempo para tantas cosas: buscar música nueva o construir historias con tus canciones favoritas; escribir mails pendientes; jugar con los enanos; salir a pasear, disfrutar, relajarse, descansar.
Pero, sobre todo --no preguntéis por qué-- me gustan los domingos invernales, con lluvia en los cristales, el cielo gris e inhóspito, y las calles muy frías. Me encantan esos días, como hoy, en que todo te invita a quedarte en tu casa, al calor del hogar, y dejar que las horas te acunen tranquilas mientras disfrutas de las pequeñas cosas: de dormir hasta tarde, poder comer sin prisas, sentir la casa en la calma y el corazón en paz. Extraño paraíso, lo sé, y sin embargo... algunos días me basta acurrucarme en el sofá con una manta y un buen libro en las manos, y dejarme atrapar por las palabras mientras los dos mininos duermen a mi lado para ser feliz.
Me encantan los domingos y sus horas repletas de posibilidades. Hay tiempo para cocinar con calma, probar recetas nuevas y llenar la nevera para los días en que apenas me permito una hora para llegar a casa, comer y recoger antes de volver al trabajo. Hay tiempo para trastear con el ordenador e intentar cosas imposibles, como cambiar una plantilla de blogguer a blogguer beta y de tres columnas a dos sin saber HTML (y casi, casi lo consigo... o eso creo). Hay tiempo para tantas cosas: buscar música nueva o construir historias con tus canciones favoritas; escribir mails pendientes; jugar con los enanos; salir a pasear, disfrutar, relajarse, descansar.
Pero, sobre todo --no preguntéis por qué-- me gustan los domingos invernales, con lluvia en los cristales, el cielo gris e inhóspito, y las calles muy frías. Me encantan esos días, como hoy, en que todo te invita a quedarte en tu casa, al calor del hogar, y dejar que las horas te acunen tranquilas mientras disfrutas de las pequeñas cosas: de dormir hasta tarde, poder comer sin prisas, sentir la casa en la calma y el corazón en paz. Extraño paraíso, lo sé, y sin embargo... algunos días me basta acurrucarme en el sofá con una manta y un buen libro en las manos, y dejarme atrapar por las palabras mientras los dos mininos duermen a mi lado para ser feliz.
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Elena Sarrión
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22:14
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viernes, 15 de diciembre de 2006
Construyendo rutinas
Ha llegado el invierno y con el frío todos buscamos un lugar calentito en el que acurrucarnos. Es el tiempo de las noches largas y los días cortos que tardan mucho en empezar: después de casi dos horas levantada, con la casa recogida, los enanos durmiendo después de su ración de mimos matutinos y yo lista para irme a la universidad, apenas empieza a amanecer. Y aunque el frío invita a quedarse en la cama, al menos hasta que los primeros rayos de sol asomen por detrás de las cortinas y empiecen a calentar la casa, mis sueños me levantan cada día más temprano y con más ganas de trabajar que nunca.
Todo es tan diferente desde el viaje... Me levanto sin sueño casi todos los días, empiezo a trabajar cada vez más temprano, cumplo con las tareas que me impongo para cada jornada y poco a poco, a fuerza de ensayar horarios y rutinas, voy logrando sumar al día a día todos esas cosas que siempre quise hacer y que antes dejaba para "más tarde". Y aunque me quedan todavía un par de cosas por encajar en mi apretado horario y algunas rutinas por construir, me siento en paz, tranquila, ilusionada.
A veces, sin embargo... algo no encaja. Ese algo que perdí me desconcierta, me trastoca el reflejo en el espejo y me deja perdida en medio de esa tierra de nadie que es toda transición cuando algo está cambiando. Sutil y diferente se me cuela esa otra mirada que aún no entiendo del todo, que vuelve algo extrañas las cosas cotidianas y que no se conforma con los frágiles límites del pequeño refugio en que vivía. Sé que en algún lugar está eso que busca, esa música nueva que ya intuyen mis días, esa luz que no me desconcierte en el espejo, y esa voz que persigo y reinvento en todo lo que escribo. Pero no lo he encontrado todavía... Por eso, mientras lo busco me construyo rutinas para que no se vuelva loco el norte de mi brújula y el corazón me guíe al lugar donde habita esa mirada.
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Elena Sarrión
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07:44
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domingo, 10 de diciembre de 2006
Please remember
Todavía quedaban papeles por ordenar después del viaje, y rincones de la casa por reconquistar, por domesticar de nuevo. Todavía quedan emociones por revivir y otras medio dormidas aún esperando para ser exploradas. Algunos recuerdos me dan ánimos para seguir adelante y terminar mi puzzle. Otros despiertan en mí cierta nostalgia, alegre al pensar en la luz y la belleza de aquellos días, en la posibilidad de volver algún día y vivirlos de nuevo; melancólica al saber que aunque regrese no será lo mismo, nunca es lo mismo, y sin embargo...
Se me acumulan las emociones en el tintero, las alegrías y las tristezas que vienen porque sí. Y mientras intento poner en orden mi vida, mi ritmo de trabajo, mi presente y mi futuro; mientras intento reconstruirme con todo lo que traje y empiezo a intuir lo que perdí, miro hacia ese pasado inmediato que ha logrado ponerle un norte a la alocada brújula de mi vida y me siento en paz. Y agradecida, profundamenta agradecida, pero tú ya lo sabes, lo hablamos tantas veces... ¿Lo recuerdas?
Ha llegado el invierno y la lluvia y el frío rondan la calle. En mi pequeño hogar --que fue testigo de charlas y lecturas, que fue también a ratos tu refugio, y vio nacer la idea del viaje y crecer la ilusión-- los mininos duermen y uno de ellos ronronea tranquilo en mi regazo, ¿a que adivinas cuál? Afuera queda el frío, dentro todo está en calma, como mi corazón; todo está vivo, como mis ilusiones; y todo es cálido, como nuestros recuerdos. Si algún día te falla la brújula, querida amiga, ya sabes el secreto de la mía. Please, remember.
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Elena Sarrión
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21:56
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viernes, 8 de diciembre de 2006
Oh, blanca Navidad
La causa...
La consecuencia...
Los responsables.
Y yo pensando en poner un árbol de Navidad con bolas de colores y espumillón... En fin, estos son "mis niños". ¿Necesitan más presentación?
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Elena Sarrión
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20:04
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