miércoles, 21 de marzo de 2007

Willy y Lucky

Perdida entre las piezas de mi puzzle, surmegida en ese laberinto de poemas que últimamente ocupa las 24 horas de mis días, ellos son los únicos que logran devolverme de vez en cuando a la realidad. Ahora, miestras mi día empieza terminándome el café frente al ordenador, Lucky maulla y tortura el espejo para ver si consigue que yo lo deje todo y vaya a darle mimos. A veces lo consigue, a veces no: uno de los dos acabará rindiéndose por aburrimiento, aunque él encuentra siempre la manera de llamar la antención...


Mientras Willy camina por la casa emitiendo un extraño murmullo que suena a protesta o a reproche. Nunca sé bien si me habla a mí, o a Lucky o... ¡vete a saber! Él no pide las cosas y cuando quiere mimos viene directamente, se sienta en mi regazo, acapara mis manos y ronronea con los ojos cerrados mientras le acaricio. Nunca tiene bastante y estos días en que el trabajo ocupada casi todo mi tiempo el tono de reproche de su voz es algo más intenso...

Pero ellos son así: juegan con mis papeles, enredan con mi ropa, maullan, corren y lo revuelven todo. Y cuando nada de eso les funciona acaparan mi silla, me tapan la pantalla del ordenador o me miran con carita de pena. Y yo se lo consiento porque en el fondo me llena de ternura tanta muestra de amor y, sobre todo, sus ojitos cerrados de placer mientras les acaricio o les cepillo. Ajenos a mi puzzle me recuerdan las cosas cotidianas, y me regalan un poco de su calma y su sosiego... cuando les hago caso y logran lo que quieren.