jueves, 5 de julio de 2007

Apoyo moral


Ellos están ahí siempre conmigo, endulzando las infinitas horas de lectura, durmiendo en mi regazo mientras escribo, tomando posesión de aquello que les roba atenciones y mimos. Cuando el camino parece interminable y el trabajo pesa demasiado, su ternura consigue hacerme sonreír. Y mientras les cepillo y ellos cierran los ojos felices, mimosos, ronronenado, se esfuman los agobios, los plazos y el cansancio.

Que les consiento, dicen... ¡Sólo porque les mimo! ¿Y quién se resiste a esos ojitos y a ese maullido zalamero que sólo pide un poco de atención y de cariño? Sólo un poco a cambio de toda su ternura, de su calma y de ese amor incodicional que ni siquiera reprocha mis ausencias cuando me voy de viaje.

Ellos oyen los versos que recito mientras cuento y recuento la historia de mi puzzle, y me han viste leer y releer, a veces en voz alta, los cuentos que le escribo a mi pirata. Y siempre están conmigo, dando vida a la casa, sonrisas a los días, y fuerzas para el largo camino.

Que les consiento... Puede, pero no sé querer de otra manera, qué le vamos a hacer... (Ellos tampoco)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy, muy consentidos, pero son un encanto de bonitos...

Silent Heart dijo...

Jejeje, sí que lo son... ¿Tú te podrías resistir? :P

Anónimo dijo...

creo que no...