martes, 17 de julio de 2007

Compartiendo ilusiones


Este año no tocan, tampoco, vacaciones en verano para mis pobres alas, cansadas ya --a pesar de las ilusiones que las impulsan y la pasión por la literatura que las alimenta-- de tanto volar sin tregua ni descanso. Estos cuatro días de silencio culpable, de descanso "forzoso" por agotamiento y resaca poética después del curso de la semana pasada, de las clases, la cena, las charlas, los versos y el tiempo compartido, son el último alto en el camino: próxima parada "Fin de tesis". Pero en el fondo no me importa no tener vacaciones ni seguir trabajando, a pesar del cansancio, julio, agosto y septiembre, para acabar mi puzzle: son muchos años acumulando horas de trabajo, preguntas y respuestas, sueños, incertidumbres, éxitos y fracasos de puertas para adentro. Es hora ya de cerrar este capítulo y lanzarse sin miedo, con las alas muy fuertes y extendidas, a surcar otros cielos.

Sé que aún va a ser duro, que me quedan todavía --pura estadística en la vida del investigador-- un par de baches y que querré dejarlo y olvidarme de todo un par de veces más: me conozco muy bien este camino y ya no me engaño (casi nunca...). Pero cuando me falten las ganas y el aliento, y se me apague un poco la ilusión, recordaré el porqué de mi puzzle, la pregunta inicial que encontró su repuesta hace ya casi un año en Catamarca, y que vuelve a encontrarla cada vez que doy clase en la sonrisa y los ojos atentos de los alumnos, en sus preguntas cómplices que demuestran que me siguen los pasos, y en el regalo inesperado de verme reflejada y comprendida en las palabras de otros. ¿Quién quiere descansar cuando trabaja para poder seguir compartiendo ilusiones?