martes, 10 de julio de 2007

Crónica de una angustia anunciada


No te lo advierten, aunque supongo que eso pasa en todas partes: nadie te habla de su "intrahistoria", del reverso emocional del trabajo de investigación. No me refiero a la precaria situación de becario que acompaña, casi inevitablemente, a quien decide dedicarse a esto: en esta carrera de fondo están muy definidas las etapas y también los obstáculos que debes superar. Recuerdo cómo nos lo contaron un junio de hace cinco años en el CSIC y cómo pensé --si es que conmigo misma no doy una-- que ese camino no lo iba a recorrer, que no me interesaba. Ejem.

Que la carrera es dura ya te lo dicen todos, eso no tiene historia. No la tiene tampoco, en realidad, la investigación misma, si lo piensas: el tema que investigas, cómo haces las cosas, los logros que consigues, rara vez interesan a la gran mayoría de la gente. Como mucho, si tienes suerte en eso, podrás aturdir a familia y amigos en los momentos de euforia contándoles lo apasionante que es lo que haces, cuánto estás aprendiendo, cuánto estas consiguiendo, etc, etc. Y para de contar. Incluso si tienes compañeros y amigos que se dediquen a lo mismo que tú, lo más probable es que habléis de otras cosas más mundanas... o que acabéis haciendo "terapia de grupo" para hacer frente a ese reverso emocional del que nadie te advierte.


Investigar es duro, que no se engañe nadie. Y no porque trabajes diez o doce horas al día, que eso lo hacen muchos sin dedicarse a esto. Ni tampoco por los periodos de aislamiento y soledad que casi todos acabamos necesitando. Ni siquiera porque el trabajo invada hasta el tiempo sagrado de descanso y en periodos de estrés llegues a soñar con ello, que seguro que eso le pasa a más gente. No, si investigar es duro es porque cuesta acostumbrarse a la idea de no terminar nunca, aunque cierres un tema o un artículo; o a la montaña rusa emocional que un día te hace sentir que rozas las estrellas, que eres la dueña del mundo y tu trabajo va a pasar a la historia, y al siguiente, como si tus neuronas tuviesen resaca intelectual, te lleva a los infiernos: ya no das pie con bola, no entiendes ni siquiera lo que tenías hecho, te sientes inútil, estúpida, incapaz y te preguntas por qué demonios te meterías en esto si es evidente que ni vales, ni es lo tuyo, ni nada...


Tampoco te acostumbras --y no se acaban nunca, me han contado-- a los bloqueos cíclicos, ésos en que tu mente (puñetera) decide hacer huelga de neuronas caídas y no hay más que hablar; aunque estés descansada, relajada, feliz y con ganas de seguir trabajando no hay manera, por mucho que rondes los libros y las notas cual leona enjaulada, o te quedes sentada frente al ordenador el día entero: si es que no, es que no, así que vete aparcando la alegría y aguanta con resignación el "insomnio intelectual" que ni te deja avanzar ni relajarte. Y aunque asumas (qué remedio) que cada x tiempo te volverá a pasar, ¿quién se acostumbra a ello?


No te lo cuenta nadie y deberían: que no hay caminos rectos, que equivocarse es bueno y necesario, que los bloqueos, a pesar de todo, ayudan a avanzar (es que hay que consolarse de alguna manera), que cuanto más aprendes más cuenta te das de todo lo que no has leído, de todo lo que deberías saber y aún no sabes, de que te harían falta más horas en el día, más meses en el año y un par de vidas más para lograr leer, saber e investigar lo necesario para acabar tu tesis. Y aún así tienes que terminarla...


Así que si eres de esos que está empezando ahora su camino y que tal vez prepara su proyecto para obtener el DEA en septiembre y renovar su beca, no te preocupes si no te llega el tiempo por mucho que trabajes, si te asalta el bloqueo justo cuando pensabas empezar a escribir y se pasan los días sin llenar una página, y te agobia el plazo que se acaba y el trabajo que ya tienes completo (bueno, casi) en tu cabeza y no logras sacar de ahí. No te preocupes si las cuentas del tiempo "malgastado" te atormentan, si de pronto no entiendes en que has gastado el tiempo, si piensas que en el fondo no has conseguido nada, no has avanzado nada, y otras cosas así. Aunque no te lo digan, aunque muchos lo callen, eso que estás viviendo nos ha pasado a todos, es normal. Así que tú paciencia, resignación y ánimo, porque al final sí que compensan las horas invertidas, el cansancio, el esfuerzo, e incluso esa crónica de una angustia anunciada que, para muchos, es parte de toda investigación.


Qué pena estar siempre pegado al suelo
el cielo queda demasiado lejos
tendré que soñar que puedo volar.

(Fito & Fitipaldis, Viene y va)