miércoles, 11 de julio de 2007

Willy


Mimoso y tierno, se sienta en mi regazo mientras trabajo en el ordenador, ronronea y me mira con sus ojitos azules reclamando mis manos: lo que de verdad quiere es dormise abrazado a mi mano izquierda mientras con la derecha le acaricio. Desde que el primer día que llegó a casa, canijo y flacucho, trepó hasta el sofá y se acomodó en mi regazo, cuando quiere mimos no para hasta conseguirlos: viene, me mira, intenta acomodarse y si no encuentra el modo me da con la patita para que cambie de posición como diciendo "a ver, a ver, que así no se puedo". Si eso no le funciona ruta con tono de reproche y al final, qué remedio, cedes y le haces un sitio.

Adicto al cepillo, nada más verlo se estremece de gusto y si paras él mismo pasa por debajo para autocepillarse. Y no se cansa nunca. Especialista, además, en abrir bolsas (de puertas y armarios ya se encarga Lucky) si no me tiene busca mi ropa para hacerse una cama, aunque tenga que tirarla al suelo de una silla, una percha o el tendal. Pero es tan dulce con sus patitas finas, sus almohadillas y su naricita rosas, y ese motor que ronronea incansable cuando le acaricias, que es imposible enfadarse con él.