
Quien le dé un corazón a este minuto
yerto, a este fluir sin armonía,
a esta mi sangre dolorosa y fría,
a este seco dolor sin voz ni luto.
Quien pula aristas al diamante bruto,
quien vuelva al ave su perdida guía,
quien haga soledad y compañía,
voz y silencio, al cántico absoluto.
Quien me devuelva todos mis mensajes
y sea, en mis quietudes recogida,
costa anhelada y vela de mis viajes.
Quien la salud me torne con su herida,
quien a mi sueño preste sus paisajes
yerto, a este fluir sin armonía,
a esta mi sangre dolorosa y fría,
a este seco dolor sin voz ni luto.
Quien pula aristas al diamante bruto,
quien vuelva al ave su perdida guía,
quien haga soledad y compañía,
voz y silencio, al cántico absoluto.
Quien me devuelva todos mis mensajes
y sea, en mis quietudes recogida,
costa anhelada y vela de mis viajes.
Quien la salud me torne con su herida,
quien a mi sueño preste sus paisajes
—¡ansia sin forma!— cumplirá mi vida.
Dionisio Ridruejo, Primer libro de amor
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