A veces las palabras llegan tarde: no entienden de relojes, de plazos ni de fechas, y a veces (sólo a veces, juraría) se retrasan, unas horas, un día, algunas vidas... Pero al final encuentran su camino, y es tan dulce sentirlas trastear en las yemas inquietas de los dedos y en el latido cómplice del corazón que se sabe secuestrado de antemano, que es imposible enfadarse con ellas. Al menos para mí. ¿Y para los demás...? Soñaremos, las palabras y yo, que ha valido la pena la espera :-)
Bobma sueña

El refugio está en calma. Fuera brilla la luna y se escucha el maullido de los gatos que se niegan a dormir, pero dentro del muro todo es tranquilidad. Robert, como los gatos, sigue despierto: los viejos, dicen, necesitan dormir poco. Su casa brilla tenuemente en la oscuridad del refugio, con el azul plácido que imaginó para el mar cuando era joven, mucho antes de que Nita se cruzara en su camino y de que todo cambiara. Poco a poco sale de su casa, tantea la piedra fría bajo su cuerpo, estira los pequeños ojos y mide con ellos el espacio que hay a su alrededor: la invasión es cada día más evidente y le resulta cada vez más difícil encontrar un espacio de roca sin restos de la hierba seca que Bobma trae a casa para hacer su nido.
Es verdad que la pequeña musaraña se esfuerza mucho, muchísimo, por renovarla para que Robert sienta, al menos, la hierba fresca cuando estira su cuerpo en el refugio. Pero las buenas intenciones se pierden a menudo en la mirada vaga y soñadora de Bobma, y más de una vez se queda asomado a la entrada de su nueva casa, mirando al cielo como si pudiera tocarlo con los ojos, moviendo la naricilla inquieta como si pudiera oler las nubes sólo con ese gesto, agitándose tímidamente a veces, como si buscara estirar unas alas que en realidad no tiene aunque a veces lo olvide —como la hierba fresca que iba a recoger— y se caiga del muro con un gritito más sorprendido que asustado. Robert ya no le riñe ni se asusta cuando le pasa eso: después de una o dos caídas se ha dado cuenta de que el pequeño cuerpo de la musaraña no es tan frágil como pudiera parecer, y que la hierba suave evita siempre la desgracia. Y en el fondo, aunque al rato le riña y le regañe por su despiste, por su imprudencia y porque, una vez más, ha olvidado su promesa de mantener el refugio siempre limpio y fresco... En el fondo, aunque se niegue a reconocerlo, su casa se tiñe de un azul pálido, casi transparente, como esas nubes que Bobma sueña con tocar, cuando ve sus ojitos sorprendidos volver a la realidad después de la caída, y las patitas frotar la cabeza llena de sueños y la naricilla que suspira por saber a qué huelen las nubes.
Al fondo del refugio, sobre un montón de hierba seca debidamente colocada, Bobma duerme. Su cuerpecito pequeño, cálido y peludo se agita levemente con la respiración acompasada. Qué curioso, piensa Robert, ni elfos, ni guerreros, ni dragones... Je, para sorpresas, Bobma. Y su casa se llena de fugaces relámpagos de un azul celeste intenso y puro. La musaraña, mientras, se remueve un poco inquieta en su nido, la respiración acelerada de pronto, las patitas agitándose como si tocara algo con ellas. Robert niega con la cabeza y baja los cuernos resignado, casi seguro de lo que está soñando: Si la rata con alas supiera...
El cielo es de un azul celeste intenso y puro, como la casa de Robert cuando está muy contento. Altas, muy pero que muy altas, blanditas y esponjosas como esa cosa blanca que Robert llamó algodón y Bobma encontró un día y se llevo a casa, están las nubes ¡¡¡las nubes!!! La rata voladora, con su parche en el ojo y su pata coja, le espera firme y majestuosa como los guerreros de los que Robert siempre le habla. Bobma monta sobre su lomo, sujeta con las patitas delanteras las riendas diminutas de su montura y cuando Robert grita ¡¡Vuela!! el palomo cojo despliega las alas, y la pequeña musaraña siente cómo ¡¡por fin!! se separan del suelo y empiezan a volar.
—¡¡Sí, sí, siiiiii!!— Bobma grita excitado mientras se alejan más y más del suelo. No es un dragón, es cierto, ¡¡pero vuela!! Los ojitos inquietos miran al horizonte y la nariz se mueve incansable. ¿A qué huele, a qué huele? ¿A frío, a fresco, a viento...? Bobma chilla de nuevo, ¡¡está volando!! ¡¡Alto, alto, más alto!! Ya puede verlas, suaves, frías, hermosas. ¡¡Las nubes!! Y la pequeña musaraña agita las patitas para poder cogerlas, subido todavía a lomos de la rata con alas.
Casi, casi las roza, las atrapa, las huele, casi... Pero se escapan en el último instante, cuando el palomo cojo desciende rápido, sin preguntar ni dar explicaciones. No, no, no, todavía no... Y la respiración de la pequeña musaraña se agita un poco más allá en su nido. No, no, no, todavía no es hora de bajar, aún no las ha tocado, aún no, no puede... Maldita rata con alas: no puede uno fiarse de estos bichos de ciudad. Sube, sube, ¡¡sube!! Y en sus sueños Bobma aferra las riendas con sus patitas, y tira, y mordisquea las plumas de la cocorota del palomo cojo. ¡¡Que subas, leches!! Pero no hay manera... Entonces alza más la cabeza y estira mucho el cuello mientras siente el viento frío contra su cuerpecillo peludo. Aún no, esta vez casi, casi... Y estira las patitas una vez más, en un último intento de tocarlas, las nubes, sus preciosas nubes...
Ha olvidado las riendas, ya nada le sujeta a la rata con alas, pero él no se da cuenta, sólo piensa en las nubes. Cierra los ojos casi ciegos, estira la nariz y busca una vez más ese olor que no es a frío, ni a lluvia, ni a viento, ni es tampoco ese dulzor espeso del humo de los muchachos que vienen a veces al muro a contar historias... No, no es ese olor, ni es a hierba fresca, ni a su viejo hogar bajo la tierra, ni al nuevo refugio con Robert, ni a nieve, ni...
¡¡¡Sus nubes!!! ¿Por qué están tan lejos, por qué? Si pudiera, sin tan sólo pudiera una vez, al menos... Y estira las patitas sólo un poquito más, sólo un poquito... ¡¡¡Sí!!! Ya están más cerca. Aunque no tiene alas Bobma vuela, lento y suave flota por ese cielo azul celeste como la risa de Robert. ¡¡Está volando!! Ya ni se acuerda de la rata con alas, del refugio, del suelo: sólo piensa en las nubes, sus nubes, y busca esa grandota con forma de dragón para ver si le lleva de un salto a ver a Nita y a Shardon, que les tiene que dar un coscorrón por dejar a Robert tan solo en este mundo sin elfos, ni guerreros, ni dragones. Ésa, ésa es su nube. ¡¡¡Siiii!!! ¡¡Qué fresquita y qué suave!! ¡¡Sí, sí, sí, siiiii!! Gira y flota y sube un poquito más alto todavía. Y agita las patitas, y frunce la nariz. ¡Por supuesto, era a eso, claro! Era a felicidad a lo que olían...
En el refugio Robert sonríe con el azul del cielo de su hogar. Lentamente vuelve a entrar en su casa: los gatos hace rato que se han ido, ya todo está en silencio, es hora de dormir. Mientras su casa se tiñe de un azul oscuro, como el cielo estrellado de Lossdar, y el viejo caracol se pierde en los recuerdos de su juventud, Bobma surca el cielo a lomos de un dragón blanco y acaricia las nubes con su manos pequeñas, diminutas, y ríe, y salta y se deja caer en el inmenso cuerpo del dragón que le lleva cada vez más alto, cada vez más lejos, donde nacen los sueños y todas las historias que Robert aún le tiene que contar.
6 comentarios:
Mereció la pena esperar para ver soñar a Bobma...
¿Sí? Me alegro mucho, de verdad :)
A veces las palabras llegan tarde...y las visitas también.
Este lugar sigue igual de especial qe siempre.
Un beso fuerte
Ahora estoy en: http://www.entreloquesevaysequeda.blogspot.com
por si te apetece pasarte
Las visitas nunca llegan tarde, Libertad, a mi pequeño hogar hecho de palabras, y los reencuentros siempre son dulces Nos veremos, seguro, entre lo que se va y se queda, en tu hogar de palabras o en el mío ;)
Un beso
Hello. This post is likeable, and your blog is very interesting, congratulations :-). I will add in my blogroll =). If possible gives a last there on my site, it is about the CresceNet, I hope you enjoy. The address is http://www.provedorcrescenet.com . A hug.
hola, guapísima... cuánto tiempo sin hablar, y sin embargo, qué cercana te sigo sintiendo... y pensar que yo asistí al nacimiento de robert... muchos besos. maite
Publicar un comentario en la entrada