
Yo sé de aquella rosa que se desgarró entera
por no encontrar perfil a su aurora encendida;
yo sé cómo se muere una vez y otra vez,
siempre en las misma puerta de las misma florida.
No tenéis de la tarde ni sombra ni presagio
cuando estalla el albor de las luces repletas;
sin embargo, las sombras os llegan con el alba,
porque no hay sin la muerte una vida completa.
Aquí desde este llano donde se pierde el viento
y las sales latinas toman clase de angustia,
se ve correr la historia, como corren las nubes,
en las que nuestras ansias buscan razón de ruta.
¡Qué bosque entre los sueños nos cubre la mirada!
Nuestros bastiones son la esperanza de un día,
cuando el alma se quiebra una vez y otra vez
por no encontrar perfil a su aurora encendida;
yo sé cómo se muere una vez y otra vez,
siempre en las misma puerta de las misma florida.
No tenéis de la tarde ni sombra ni presagio
cuando estalla el albor de las luces repletas;
sin embargo, las sombras os llegan con el alba,
porque no hay sin la muerte una vida completa.
Aquí desde este llano donde se pierde el viento
y las sales latinas toman clase de angustia,
se ve correr la historia, como corren las nubes,
en las que nuestras ansias buscan razón de ruta.
¡Qué bosque entre los sueños nos cubre la mirada!
Nuestros bastiones son la esperanza de un día,
cuando el alma se quiebra una vez y otra vez
siempre en la misma puerta de la misma florida.
José María Alfaro (1941)
2 comentarios:
Sí, la esperanza debe ser un firme bastión en nuestra vida. Siempre. Sabias palabras
Un beso
Ojala ese invierno tarde muchos años en llegar y no acabemos de completar nuestra vida con nuestra propia muerte. Prefiero que sea incompleta como hasta hoy.
Saludos
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