Así comienza todo, casi siempre: grandes expectativas, un sueño, una visión... Una gran obra cuyo mensaje quedará imperecedero para las futuras generaciones y compensará todo el esfuerzo, los sacrificios, las horas, los meses y los años que se te irán con ella.

Cuánta ilusión hay siempre al principio, cuánto ímpetu, cuánto... cuánto pesan, te empiezas a dar cuentas, las horas y los días, los escasos aciertos y los miles de errores que vas dejando atrás, los papeles que vas acumulando, las palabras que a veces no te llegan cuando tú las querrías de tu lado...

Llega el momento, entonces, de asumir los límites que imponen, mano a mano, la realidad, los plazos y la naturaleza de la investigación: habrá que reducir expectativas y objetivos y temas a tratar, cuando el tiempo, las páginas, las fuerzas empiezan a no dar más de sí. Será mejor, ya lo dijo el pitufo, que sigamos con brocha y con pintura.

Y al final, si después de los años, las infinitas horas de trabajo, el sudor y las lágrimas no te llegan tampoco las palabras, ni el aliento, ni el ánimo (¡ni el tiempo!) siempre puedes pedirle al primero que pase un trocito de tiza, lo justo para dar el último retoque, cerrar todos los flecos que te han ido quedando (o al menos unos cuantos, no hay que ser demasiado ambicioso a estas alturas) y ¡¡por fin!! ¿terminarla?

5 comentarios:
Me ha encantado!!!
Me alegro, jeje. A estas alturas o me lo tomo con humor o lo llevo claro ;)
No desesperes. Lo has descrito perfecto. Perfecto. Yo también lo describí de una forma distinta, pero con contenido distinto en el prólogo de la misma...el prólogo que un buen día, con la mitad de las palabras escritas y sintetizando lo que aún tenía fuerzas de hacer, termine.
Ánimo, es un principio, o al menos eso debería ser.
Otro beso
Es un principio, es cierto, la tesis es sólo eso, ¡pero es tan fácil olvidarlo cuando llevas años con ella y el único horizonte que sueñas alcanzar es terminarla! Por eso a ratos me lo tomo con humor, y todo :)
Un beso. Siempre es un placer tenerte por aquí :)
Tomo buena nota, de lo bueno, de lo malo, de las sonrisas que se esbozan en ese duro proceso, y también de las lágrimas. Todo ello conforma una etapa que, sin lugar a dudas, es especial e inigualable en la vida de una persona. Una especie de viaje iniciático o de transición la, digamos, madurez intelectual.
Al final, lo creo firmemente y espero no desilusionarme por el camino, siempre queda una sensación magnífica de satisfacción, de haber creado o de dar a luz una parte de ti, una idea que ha madurado contigo con el paso del tiempo, un trabajo que te ha hecho, a pesar de todo, más fuerte.
Lo conseguirás, estoy segura, y yo estaré ahí para verlo y, si quieres, compartirlo contigo.
Besos de chocolate.
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