lunes, 17 de marzo de 2008

El tiempo de los gatos

Quiero vivir el tiempo de los gatos para dorar el sol en mis pupilas y hacerme tibia arena en los relojes que detendrán las horas para mi. ¡Qué vida tan tranquila si tan sólo tuviera que perseguir el sol por todos los rincones de la casa! Qué dulce movimiento migratorio para encontrar dónde dormir la siesta. Y qué envidia sus ojitos cerrados, su respirar tranquilo, su tenue ronroneo mientras paso mis manos por su lomo. Cuánta paz en su pequeño cuerpo que duerme acurrucado en mi regazo, y qué lejos el mundo...

Quiero vivir el tiempo de los gatos, perderme en un reloj sin manecillas y sin tic-tac que marque los momentos perdidos. Quiero vivir el tiempo de los gatos y migrar hacia el sol buscando algún lugar donde dormir la vida, aunque el rincón más cálido, lo sé, ya lo habita tu ausencia.

viernes, 14 de marzo de 2008

Historia de una tesis (en imágenes)

Así comienza todo, casi siempre: grandes expectativas, un sueño, una visión... Una gran obra cuyo mensaje quedará imperecedero para las futuras generaciones y compensará todo el esfuerzo, los sacrificios, las horas, los meses y los años que se te irán con ella.



Cuánta ilusión hay siempre al principio, cuánto ímpetu, cuánto... cuánto pesan, te empiezas a dar cuentas, las horas y los días, los escasos aciertos y los miles de errores que vas dejando atrás, los papeles que vas acumulando, las palabras que a veces no te llegan cuando tú las querrías de tu lado...



Llega el momento, entonces, de asumir los límites que imponen, mano a mano, la realidad, los plazos y la naturaleza de la investigación: habrá que reducir expectativas y objetivos y temas a tratar, cuando el tiempo, las páginas, las fuerzas empiezan a no dar más de sí. Será mejor, ya lo dijo el pitufo, que sigamos con brocha y con pintura.



Y al final, si después de los años, las infinitas horas de trabajo, el sudor y las lágrimas no te llegan tampoco las palabras, ni el aliento, ni el ánimo (¡ni el tiempo!) siempre puedes pedirle al primero que pase un trocito de tiza, lo justo para dar el último retoque, cerrar todos los flecos que te han ido quedando (o al menos unos cuantos, no hay que ser demasiado ambicioso a estas alturas) y ¡¡por fin!! ¿terminarla?

miércoles, 12 de marzo de 2008

Como si tú ya fueras


Como si tú ya fueras
la palabra precisa
me bastaba olvidar para entenderte,
me bastaba vivir; me bastaría
seguir la transparencia, ver el aire,
tocar la luz, llorarte, y sueño arriba,
llenándome los ojos hasta el borde
de cielo, de alegría,
verte crecer mirándote en el alma,
diciéndote en el alma, persuadida
a ser palabra al fin, pura palabra,
diciéndote a ti misma.

Luis Rosales

lunes, 10 de marzo de 2008

Tal vez


Si yo pudiera hablar te contaría cómo llegué hasta aquí, en qué momento exacto me desvié (y no hubo aviso alguno) del camino marcado, de la ruta precisa que dibujaba el mapa de mis días. Si yo pudiera hablar te explicaría cómo engañan a veces los pasos que no has dado y te duelen las piedras que te verán caer (lo sabes) algún día. Si yo pudiera hablar te mostraría las huellas de los días que han pasado, los rastros de otros tiempos, de otras vidas, y las gotas de lluvia que han de calarte el alma todavía. Si yo pudiera hablar…

Pero el silencio pesa. Las horas, aún dormidas, susurran su secreto inconfesable, el gris turbio de un cielo que no juzga ni aguarda, el tiempo que no vuela ni se escapa, pero no permanece, la vida que no entiende de palabras, lo que tus ojos callan…

Si yo pudiera hablar… tal vez (sólo tal vez) te lo diría.